A menudo hago la observación de lo “injusto” que es la edad reproductiva de la mujer, pues cuando la mayoría apenas está alcanzando la anhelada estabilidad emocional y económica, ¡la fertilidad va en picada! Sin embargo, aún recuerdo cuando una colega especialista en adolescencia, durante una mesa de diálogo para un programa de radio, me refutó, “ay no Gaby, imagínate si no fuera así, cuántos millones más de seres humanos habríamos”.

Así que, comencemos por el principio, les explicaré cómo es este tema de nuestro número de óvulos

 

Cuando nacemos, nuestros ovarios tendrán alrededor un millón de ovocitos que podrían ser útiles para ser fecundados. Esto debe quedarnos claro, ¡nunca más se volverán a producir más óvulos!

 

Al llegar a la adolescencia, en los ovarios ya se habrán utilizado la mayoría de estos óvulos, pues muchos fueron necesarios para que los procesos de crecimiento puedan realizarse correctamente. De manera que, cuando una mujer llega a los 13 años, solo contaremos con alrededor de 300 mil óvulos (aproximadamente un tercio de aquellos con los que nacimos).

 

 

Saquemos la calculadora y hagamos cuentas… Cada año “gastaremos” alrededor de 12 mil ovocitos, esto se traduce que, al llegar a los 25 años, ya habremos gastado aproximadamente 150 mil ovocitos, sin embargo, no todos estos ovocitos maduraron, solo lograron madurar un máximo de 144 óvulos (casi la mitad de los que llegaron con nosotras al momento de comenzar la menstruación).

 

¿Cómo funciona la “selección” de los ovocitos que maduraran?

 

Los primeros ovocitos que el cuerpo madurará serán aquellos que tienen la mejor calidad. Por ello, entre más cercanas estemos de la primera regla (en la adolescencia), mayor probabilidad tendremos de quedar embarazadas durante la ovulación. Pero esto es en “programación natural” por decirlo de alguna manera, sin embargo, ¡no quiere decir que es lo más recomendable! El embarazo adolescente es, por mucho, un riesgo físico y un impacto emocional negativo para la mujer.

 

 

Ahora bien, no es que exista una edad “perfecta” para el embarazo, pero se ha considerado que, en cuanto a la madurez psicológica y física de la mujer, la edad óptima para embarazarse es entre los 25 y 35 años. Pero, veamos la diferencia entre esta edad óptima antes y después en la historia de la humanidad.

 

Nuestra historia ha evolucionado y con ella los avances de la medicina han aumentado al doble la expectativa de vida del ser humano. Hace algunos cientos de años, eran muy raras aquellas personas que pasaban de los 50 años. Pero ahora todo es muy distinto; actualmente, una persona que cumple 20 años está en menos del cuarto de su expectativa de vida, ¡lo que significa que tiene mucho tiempo por delante!

 

Sin embargo, estos avances de la medicina y de la especie humana, no han cambiado la expectativa de vida de los ovocitos. Les explico, si una mujer llega a la menopausia a los 50 años, la mujer de hace 300 años, moría aun con la posibilidad de ser madre y después de haber tenido más de 10 hijos, nietos y bisnietos, pues en el pasado, la “edad óptima” para convertirse en madre por primera vez, era alrededor de los 15 años.

 

En contraste, actualmente, la mujer de 50 años, es una mujer relativamente joven, en muchos casos con un cuerpo y condición física equiparable a la que tenía en sus 20s. Es decir, en edad productiva, a veces recién empieza a tener estabilidad económica (está pagando o terminando de pagar su casa y aún le faltan unos 20 años para jubilarse). Por lo cual, los objetivos de vida han cambiado y la percepción de la juventud también. En nuestros días, a los 25 años, muchas mujeres aún no tienen una pareja estable, ni planes de tenerla, apenas están comenzando una vida profesional, dejando los planes de ser madres a muy largo plazo.

 

Una mujer al llegar a los 35 años habrá “perdido” entre un 85 y 90% de los ovocitos con los que nació. Desafortunadamente, nada de los que hagamos para cuidar nuestra salud, ni multivitamínicos, ejercicio o las vacunas pueden cambiar esos aproximadamente mil ovocitos que desaparecerán cada mes.

 

Por ello, la reflexión que quisiera que hagamos es: convertirnos en madres, en nuestros días, no significa siempre embarazarnos con nuestros propios óvulos, pues afortunadamente, ya existe la donación de ovocitos.

 

 

Si bien el avance de la medicina reproductiva no permite frenar la pérdida natural de nuestros óvulos. Sí nos brinda la opción de congelarlos, sobre todo antes de los 30 años o con buen pronóstico alrededor de los 35 años. ¡No lo pierdas de vista y si necesitas orientación, es importante que acudas con un especialista en medicina reproductiva o biología de la reproducción!

 

Gaby García.

Fundadora y Presidenta Pronanhi A.C.