¡Hola, Ana! Ya te había escrito en 2 anteriores ocasiones, pero eran historias muy tristes, incluso en la última te decía que ya no quería seguir intentando ni luchando contra la infertilidad.

Hace 2 años, cuando casi empezaba la pandemia y después de 2 ciclos suspendidos, una FIV fallida; mi mente, mi cuerpo y mi corazón colapsaron y ya no pude más, le pedí a mi esposo parar porque ya no podía más (en eso se vino la pandemia y todo se detuvo, aunque quisiera seguir, los hospitales cerraron)

Fueron días y semanas muy complicadas, estaba totalmente renuente a tomar terapia psiquiátrica,  solo acepté la terapia psicológica,  y como muchos yo también decía: -“¡no estoy loca!”

Sin embargo, fue una condición que me puso mi psicóloga para poder atenderme y a regañadientes fui y empecé con terapia y medicamentos todo el 2020, y partir del 2021 mi alma descansó, pude abrir mis ojos más allá del solo querer ser mamá, ya estaba lista para empezar de nuevo pero ahora consciente de que si no funcionaba no caería en depresión otra vez, y el entender que, no tener hijos no te define como mujer, porque puedes hacer muchas otras cosas.

Empecé con exámenes y éstos se tardaron mucho, así que pudimos tener nuestra segunda FIV en febrero del 2021, con toda la fe y esperanza de que funcionara esta vez. A los 10 días de mi beta fui a dar a urgencias con un dolor fuertísimo de gastritis( raro porque yo nunca la padecí) ahí les informé sobre mi FIV para que tomarán precauciones, entre las pruebas que me hicieron fue una prueba de embarazo, pero me dijeron que saldría negativa porque habían pasado muy pocos días, pues bueno al darme de alta y preguntar como salí en los exámenes, me dijeron:

-“todo bien, ¡tu prueba de embarazo salió positiva!

No lo creí, eran las 6 de la mañana y moría de sueño, no me cayó la realidad, salí y después de días me hice la prueba cuantitativa y efectivamente, ¡era positivaaaa! No lo podíamos creer mi esposo y yo, pero decidimos callar para no hacernos ilusiones ya que en mi familia hay mucha infertilidad y embarazos no desarrollados.

Es así que a los 3 meses, ¡por fin lo grité! con miedo y felicidad a la vez , y todo iba muy bien, pero en la semana 19 tuve un sangrado al ir al baño, sentí que se me doblaban las piernas y salí del trabajo rápidamente a urgencias, en donde me dieron medicamento y me detectaron placenta baja. Para este punto mi bebé aún no se dejaba ver, y al darme de alta un doctor me dijo, “no se preocupe la niña esta bien”.

Era una nena, ya lo presentía y estaba feliz, pues bueno esta felicidad la compartí con mucho miedo porque desarrollé placenta previa completa; en mi seguro médico siempre me asustaron diciéndome que era muy peligroso y yo sabía que lo era, pero no tenían ni el tacto ni la prudencia para decirme: “te vas a morir si te da una hemorragia, ni vas a alcanzar a llegar al hospital”.

Me dijeron que me internarían a la semana 30, cosa que no pasó, pero si seguían diciéndome cosas muy feas, por lo cual yo ya me quería salir del hospital, pero no me daban de alta.  Decidí irme al seguro médico de mi esposo, y ahí me brindaron más calma, me dijeron que efectivamente era un embarazo riesgoso, pero que no me preocupara, así que a la semana 36 con total reposo ¡nació mi muñeca!

Todo salió bien y dentro de todo, no me quitaron la matriz, cuando me dijeron que lo harían, mi bebé nació con muy buen peso 3.4 kg, cuando me dijeron que a o máximo que iba a llegar era a 2.5kg. Mi bebé nació con problemas de respiración y se quedó internada 10 días. Salí yo sin mi bebé y a los 10 días nos la entregaron, ¡yo no podía estar más feliz!

Durante el embarazo tuve riesgo de que se me desprendiera la placenta, y luego en el parto, porque no mencioné que tengo endometriosis grado 4 (la más severa con pelvis y órganos pegados) esa era una razón de mucho riesgo al quitar la matriz ya que podían perforar otros órganos. Pero todo salió bien gracias a Dios.

Después de 12 días del nacimiento de mi bebé, empecé con escalofríos, a temblar y con muchísima temperatura, fui a urgencias y me dijeron que era la leche… al siguiente día ya tenía unos dolores muy fuertes en el estómago pero por la temperatura tan alta no querían atenderme y me mandaban a la zona de COVID.

Un martes en la noche no aguanté y le dije a mi esposo:  -“llévame otra vez”.  Ya habíamos ido en la mañana, y fue gracias a eso que al doctor de guardia se le hizo muy raro que ya fueran tres veces las que iba y decidió internarme, (me dolía que solo estuve día y medio con mi bebé), pasaron dos días y yo no mejoraba,  al contrario estaba peor, con calentura que no se me bajaba con nada, y con mil pruebas, sin embargo todas salían bien.

En mi desesperación le pedí a un doctor que me abriera otra vez para ver que tenía, ya mis venas estaban “reventadas” y no me podían canalizar, fue que decidieron hacerme una laparoscopia observativa, así que otra vez entré a quirófano, ya no tenía fuerzas en mi cuerpo, estaba demasiado débil porque solo toleraba líquidos.

Se dieron cuenta que estaba toda infectada mi matriz, ya con abscesos de infección, me limpiaron y trataron de quitarme la matriz otra vez pero fue imposible debido a la infección tan urgente que tenía. Para ese momento, antes de entrar a esa operación le dije a mi esposo: – “te encargo a mi hija”, en verdad  sentía que no iba a salir. Afortunadamente si lo hice y desperté 2 días después en terapia intensiva (pensando que ya por fin todo había acabado). Pero no fue así…

Estuve internada 10 días más con mi vida pendiendo nuevamente de un hilo porque la infección no cedía y la calentura tampoco, hasta que poco a poco empecé a mejorar, yo no quería que me dieran de alta, sentía que iba a regresar a mi casa para morirme. Saliendo del hospital ya le estaba  hablando a mi psicóloga diciéndole lo que había pasado, y pedirle nuevamente ayuda.

Hoy han pasado 8 meses de ese capítulo y ahora estoy feliz , por que ya tengo a mi nena conmigo, no importa todo lo que tuvo que pasar… por eso me decidí escribirles Mom to be, ¡siempre hay esperanza, no hay que rendirse! No se desesperen, la infertilidad es un camino largo, pero al final tiene sus recompensas.

Y ahora me estoy volviendo loca, si lo acepto, pero de amor por mi muñeca, espero que de algo sirva conocer mi historia.

Loraine