Hola, mi nombre es Miguel, y… pues es hasta ahora que me animado a contar mi historia.

 

Hace tres años me casé con la mujer más hermosa, cariñosa y consentidora del mundo, María; con ella, mi vida estaba completa. Nos divertimos mucho, no hay día en que no hay carcajadas, salgamos de viaje o alguna reunión con amigos.

 

Cuando éramos novios habíamos hablado de no querer tener hijos, preferiríamos viajar por el mundo, sólo ella y yo. Ese era el plan.

 

Pero después de casarnos, la idea de tener una familia comenzó a cruzarnos por la mente. Aunque nunca nos enfocamos mucho en eso, digo… OBVIO que tengamos acción y vaya que acción, pero que nos encontremos en el destino.

 

Después de dos años, no nos parece extraño que no pasara nada. En sus visitas al ginecólogo le decían a María que todo estaba bien bien, pero a mí también se me pasa que pasaba algo raro. Entonces la sugerencia fue con otro médico, tal vez no había revisado bien y… mi esposa sí tenía un problema.

 

Ana se enojó mucho conmigo cuando le conté eso, y… tenía razón.

 

Pasé unos meses acompañando a María al médico y este, además de sugerir que soy un anciano, nos dijo que mis espermatozoides son pocos, tienen poca movilidad y también muchos de ellos tienen malformaciones.

 

JA … JA … JA … disculpe, ¿qué? ¿Quieres decir que tengo pocos muchachos y anormales? ¿Cómo puede pasar esto!

 

Según el médico, algunas de las razones por las que mis “soldados” no están al 100% pueden ser el abuso del alcohol, el consumo de drogas, el consumo de drogas, el estrés y la mala alimentación. Es decir, todas las cosas divertidas que hay en el mundo.

 

¡Rayos! La historia de la vida.

 

Al parecer, gracias a mis “soldados flojos y anormales”, nuestra mejor opción es la inVitro. Dicen que es difícil y que necesitamos mucha paciencia, pero que es nuestra mejor opción … así que no queda más que apoyarnos.

 

No tengo la idea de lo difícil que es para mí escribir esto, creo que sólo lo sabría mi esposa y Ana.

 

En verdad me daba mucha vergüenza no ser lo suficientemente hombre como para darle un hijo a María. Ahora sé, gracias a mi esposa, que es más fácil reconocerlo.

 

Miguel